Algo más de amor.



Primera parte.


Ella.
Tenía solo quince años cuando entre a la preparatoria. Era más pequeña que la gran mayoría de los estudiantes y tenía la apariencia de una niña aun. Nunca sentí que fuera a encajar en un ambiente como aquel. Sin embargo, no fue así; conocí a muchas personas que rápidamente se convirtieron en grandes amigos.
También lo conocí a él, pero nunca fue algo serio, o al menos no al principio. Hablábamos de vez en cuando, llegaba al aula y lo saludaba. Intercambiábamos gustos como música o comics y, aun así, nunca me considere cercana a él.
Recuerdo el día que se acercó a mí a pedirme consejos sobre la chica que le gustaba “¿Por qué yo?” pensé.

Ahora mismo son las diez de la mañana. Estoy despierta desde hace dos horas (o quizás más), pero no lo noto; no lo noto porque he usado mi tiempo para pintar un pequeño cuadro. Y, sin darme cuenta, estoy completamente sola en casa. Estoy cubierta de pintura, así que decido que me meteré a bañar.

Él.
Me levanto como cualquier día normal. No la veo acostada a mi lado, pero no me cuesta imaginar donde podrá estar. No la quiero interrumpir, por lo que tomo una ducha rápido. Y una vez terminó, voy a verla y ahí está, despeinada, en pijama, absorta en su mundo que trata de plasmar sobre un cuadro, a través del color. Se ve preciosa sentada ahí, pero no la quiero interrumpir.
Me preparó un desayuno con tocino y pan tostado. No olvido prepararle uno también a ella, aunque sé que, cuando baje, ya estará frío. Le preparo un café; sé que ama despertar con una taza de café.
Después de que terminó mí desayuno, sirvo el suyo en la mesa, dejándole una nota en su servilleta. Finalmente, me retiro al trabajo.

Ella.
Bajo y el desayuno está sobre la mesa; frío, pero está ahí. La servilleta dice “Buenos días princesa”. Sonrió, no puedo evitarlo.
Entonces recuerdo que debo ir a comprar algo para la comida. Tomo mi bolsa, mis llaves y salgo. El carro lo tiene él, así que debo usar el transporte público. No me molesta, ya que es un tiempo que lo uso para leer un libro pequeño.

Él.
Recuerdo cuando éramos jóvenes. Cuando llegué y me senté en mi lugar el primer día de clases. Solo recuerdo que me di la vuelta, la vi y dije “Jamás encontrare mujer más hermosa”. Tenía que conocerla, hablarle. Ella no me volteaba a ver y se sentía como si yo fuera alguien invisible ante sus ojos. Para mí era todo lo contrario; era lo único que mis ojos podían ver, y no entendía porque. Ahora sí.
 Me enamore al poco tiempo y, sin embargo, fui tan estúpido al no intentarlo. Lo dejé pasar, convenciéndome de que jamás me vería como algo más. Me engañaba a mí mismo al tratar de pensar en alguien más, pero ella inundaba mis pensamientos, teniendo el control total de todo mi ser, y ni siquiera se daba cuenta de aquello.
No aguantaba solo verla. No sabía cómo hablarle, ¿Cómo me acercaba más a ella? ¿Su belleza algún día sería mía y solo mía?
Todo el tiempo la veía desde mi lugar, pero no volteaba. Me hacía sentir mejor que no volteaba a ver a nadie. ¿Por qué? Porque todos los días tenía un libro nuevo en sus manos. La envolvía completamente, y eso me gustaba.
Tengo que seguir con el trabajo.

Ella.
No comprendí porque se acercaba a mí por consejos. Nunca se los negué, a pesar de eso. Poco a poco nos acercamos y me di cuenta que era divertido estar con él.
Nunca supe cuándo o como paso, pero llegó un punto en que la escuela tenía sentido solo por él. ¿Qué sucedía? No lo entendía. Ahora sí.
Todo el día lo buscaba y esperaba por que el me hablara. No les conté a mis amigas, pues no sabía que sucedía conmigo. Guarde mis sentimientos en un cajón con llave. Una combinación que solo yo conocía y no dejaba a nadie más a la vista, y que por alguna razón, él podía provocar que la abriera y los dejara salir, desbordándose, logrando que me sintiera completamente desnuda, y se sintiera bien. Pero nunca se percató de aquello.
No recuerdo como paso; tomo mi mano por primera vez. No me molestó, sino todo lo contrario. Era extraño, pero me agradaba la sensación del cosquilleo de nuestra piel presionándose contra la otra. Su mano encajaba perfectamente en la mía, como si esos espacios entre mis dedos fueran hechos especialmente para los suyos. Una punzada de dolor me toco cuando me soltó y se fue. “¿Por qué te vas?” pensaba. Eso no lograba que el volviera.

Él.
Jamás supe cómo me arme de valor, solo hice lo primero que mis instintos me pidieron. Su mano era tan cálida, suave y tierna. No podía creer las miles de sensaciones que eso provocaba en mí; alegría por poder tenerla (aunque solo fuera un poco), más cerca. Tristeza, porque sabía que solo era cuestión de segundos para volver a la cruel realidad que me azotaba día a día, cada mañana al verla entrar por esa puerta. Un deseo incontrolable de besarla cruzaba todo mi ser, mis pensamientos y sensaciones. Quería llenarme por completo de ella, perfumarme con su dulce aroma.
Eso quería.

Ella.
Nos hicimos más cercanos, cada vez más. Un día, él solo decidió decirme que me quería con toda su alma. No recuerdo más que la sensación de alegría al escuchar su voz. Las palabras que más quería escuchar, salieron por fin de sus labios. Era feliz, y solo lo pude demostrar diciendo que sí.

Él.
El corazón se me salía del pecho. Estaba decidido a hacerlo, pero no me salían las palabras.  Y cuando lo dije, ella guardó silencio. No fue un silencio de más de cinco segundos, pero a mí me parecieron horas eternas que nunca acabarían y me comían vivo.
“Sí”, contestó ella.
No creí haber escuchado bien. “Sí” retumbaba en mi cabeza con fuerza. Mi voz se quedó atorada en mi garganta, esperando salir con toda su potencia para expresar la alegría que, aún hoy en día no se expresar.

Ella.
Podría contar los miles de momentos que hemos vivido juntos. Las miles de palabras que me decía, o que yo le quería decir y nunca dije. Lo bien que se sentían sus caricias, nuestro primer beso, nuestro primer “te amo”. Si contará todo eso, nunca acabaría, y no lo contaría, porque lo que más nos marcó, fue después de todo eso.
No me imaginaba un fin en nuestra relación, pero paso. El cuándo lo decidí, sigue siendo un misterio, y en ese momento me parecía la decisión más coherente del mundo.
Puede que tuviera razón.

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2 comentarios

  1. Aw pero que lindo ryo, bueno yo me llamo javi^^ en el juego kuchita xD bueno quería saber si ese texto lo escribiste tu o ya existía... Es que es sinceramente hermoso*-*

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    1. ¿Qué tal? :DD lo escribí yo n.n es completamente mío. ¡Qué bueno que te gusto! Lo seguire cuando tenga tiempo.

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